¿EL CASTIGO, ES UNA FORMA DE DISCIPLINA?

Por: Carola Pozo Cortez

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Uno de los sentimientos mas arraigados en un ser humano es la forma como transitó su niñez.

Aun hoy en día, en pleno siglo XXI, muchísimos niños son golpeados con mucha violencia por sus padres, mas allá de los recursos legales, si los hay, parecieran que no son suficientes para proteger a estos pequeños indefensos.

La experiencia de ser niño golpeado deja una huella difícil de borrar que a la larga les convertirá en adultos que repetirán la historia con sus propios hijos.

Los niños que sufren violencia física o verbal, al no conocer otra cosa mejor como dulzura, amor, cuidados, mimos, etc, llevan por dentro y a veces inconscientemente un terrible sentimiento de inseguridad y rabia.

Pero contrariamente a lo antedicho, existen padres que nunca castigan a sus hijos por el temor de “traumatizarlos”. Estos niños que lo tienen todo con solo desearlo, crecen sin límites, en búsqueda de satisfacer sus deseos sin freno alguno.

Estos niños que lo tienen todo sin esfuerzo alguno se convierten en adultos inmaduros y poco productivos, lo cual tampoco demuestra que vayan a ser buenos padres.

EL CASTIGO

El castigo debe verse como una consecuencia opuesta a algún comportamiento malo, ya que es una manera de disciplinar a los niños y este accionar debe servir para formarlos y demarcar los límites que cada niño inconscientemente lo pide a gritos.

Los castigos deben alternarse con premios en forma lógica. Si se abusa de los castigos, estos pierden su verdadero valor.

Todo niño necesita ver las consecuencias de sus actos:

“TODA ACCIÓN TIENE UNA REACCIÓN”

El niño debe pensar: “si haces esto, pasa esto”. Todos los hijos prueban a sus padres y prueban sus límites y el castigo es un método de disciplina por medio del cual se le muestra al niño que algo que hizo no es inaceptable.

Existen 4 categorías de castigos:

  1. Castigo físico
  2. Perder privilegios
  3. Humillación, degradación o vergüenza
  4. Castigo que culpa

Se aconseja que los castigos sean cortos e inmediatos. Una palmada dada en un buen momento puede tener un efecto positivo ya que el mensaje de lo que no debe hacerse es claro y no agrede tanto.

El castigo debe estar limitado a la acción que se quiere corregir y solo se debe usar cuando se han ensayado otras alternativas sin éxito.

El castigo es beneficioso siempre y cuando se afirme sobre una base de afecto y de aprobación y sirve solo cuando se cumple, caso contrario, entorpece la relación padre-hijo.

Los castigos verbales que humillan y culpan, o las palizas premeditadas, solo llenan a los niños de rabia y a los padres de culpa.

Cuando se castiga a un niño es importante que él sepa por qué está siendo castigado y explicarle el camino correcto.

Un castigo nunca debe ser eterno. Debe tener una duración definida y tolerable y una manera de salir de él, caso contrario se vuelve una prisión que a la larga desencadena  en rabia y ganas de agredir.

El castigo es una herramienta formativa encuadrado dentro de unas reglas familiares claras.

Todos necesitamos aprender que nuestros actos tienen consecuencias y si al niño no se le enseña esto desde temprano, puede convertirse en un adulto que no está preparado para enfrentar la vida.

Si los padres, profesores y todos los que tienen que ver con niños aplicaran en el justo momento una dosis prudente de corrección o castigo, tendríamos más adultos responsables y ciudadanos más respetuosos y cumplidores de las normas.

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