Vencer la dislexia

dislexia

RAGS

Por: Carola Pozo Cortez

EILEEN SIMPSON, UN CASO REAL

 

 

Algo andaba mal con su cerebro y lo que previamente había sido una borrosa sospecha que revoloteaba en el borde de lo consciente, pronto se convirtió en certeza el año que Eileen cumplió nueve e ingresó en cuarto grado.

Ella parecía ser como otros niñas, pero no era como ellos: no podía aprender a leer o deletrear. De haber crecido juntos, sus amigos, conocidos y colegas de la actualidad; habría existido un abismo: los libros que a la sazón estaban leyendo, ella simplemente no los leía; las composiciones que escribían merecían estrellas doradas, ganaban premios… Las suyas eran inaceptables. Ellos estaban en lo alto de sus clases. Ella estaba en el fondo. Durante toda su niñez y juventud, la naturaleza de su trastorno se mantuvo misterioso tanto para ella como para quienes le rodeaban.

Cuando tenía veinte años, alguien le dio el diagnóstico…No un psicólogosino un poeta: ella era disléxica.

Mucho tiempo después, cuando se hubo independizado lo suficiente del pasado como para querer entenderlo, descubrió que lo que ella había creído que era una aflicción exclusivamente suya tiene lugar en todos los países del mundo, en todas las clases sociales y parece tener poco que ver con circunstancias culturales, emocionales o de familia.

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“REGRESIONES”

Eileen Simpson psicoterapeuta y escritora tuvo que superar una de sus inhibiciones al escribir su obra “Regresiones”. Si revelaba su bastante vergonzoso pasado académico y las limitaciones bajo las cuales continuaba operando como resultado de su incapacidad incurable, suponía recibiría el tratamiento desdeñoso de la gente de su ambiente que en la niñez había aprendido precozmente y que, en la adultez, había desarrollado una excepcional facilidad lingüística.

Esta exitosa escritora recordaba que cuando iba a la escuela primaria había imaginado que podía sentir que dentro de su cabeza se estaba librando una guerra que le impedía comprender el significado de las palabras que aparecían en una pagina y que hacia que las palabras que pronunciaba salieran distintas del modo en que había pretendido decirlas.NOVELA-EILEEN SIMPSON

Como sus síntomas mejoraban con el paso de los años, cada vez le inquietaba menos esta anarquía cerebral (¿es que los dos hemisferios lentamente habían aprendido a cooperar, en vez de luchar por la preponderancia?), pero nunca hubo una ocasión en la que ella no hubiera tenido que hacer compensaciones por su trastorno. Aunque a la altura de estas reflexiones ya había publicado cuatro libros y numerosos artículos, su memoria visual del aspecto que tiene una palabra siguió siendo tan poco confiable como su ortografía, aunque mejoro después de 20 años, continuó siendo un agotador recordatorio de sus días escolares.

Un campOBRA-EILEEN SIMPSONo en el que no hizo progresos es en la orientación: “sigo saliendo del tren subterráneo y yendo hacia el norte, cuando lo que quiero es ir hacia el sur, y cuando escucha alguna amiga decir, como al pasar, que voló a tal y tal lugar, alquiló un auto en el aeropuerto y halló su destino en una ciudad desconocida, me quedo boquiabierta ante tanta competencia”.

Y asi continuó su lucha, como lo manifestó al final de su libro Regresiones, “Cada nuevo paso (en mi avance), no es más que un descanso temporario. Un nuevo disgusto aunado con una erupción de energía, me impulsarán hacia otra etapa más de mi interminable batalla para lograr mi curación”.

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